Sonríe y sé feliz

Ayer he probado una cosa muy sencilla: sonreir. 
Me he despertado y la primera cosa que he hecho ha sido sonreír, cosa difícil para una persona "no me hables hasta que haya tomado mi café". 
He sonreído todo el día a cualquier cosa: a las personas con la que me he cruzado, a mis animales, a las plantas, a los correos electrónicos y los whatsapp que me llegaban, y hasta a los calabacines, las patatas y la cebolla mientras preparaba la cena.

Tengo que reconocer que sonreír intencionalmente, incluso cuando no tenía nada por lo que estar feliz, ha cambiado mi humor a lo largo del día. Estaba alegre, tranquila, todo me parecía bonito, y todo esto solo por sonreír conscientemente. ¡Vaya descubrimiento! Podía sonreír gratis, y a cambio recibir bienestar, positividad y optimismo. Sin duda una buena inversión y un poder que no se debe subestimar.

Así que hoy te invito a que pruebes a sonreír.
Sonríe no porque estés alegre, sino porque al sonreír creas alegría.
Algo mágico va a ocurrir en tu interior. 

Reconocerás por ti mismo que dentro de ti hay alegría y felicidad infinitas que puedes usar cuando quieres. Solo tienes que sonreír y decir "soy feliz" y dejar que la magia ocurra.
Además no solo lograrás sentirte mejor y más confiado, sino que, como un espejo, reflejaras esa alegría y confianza a las personas que te rodean. 

Puedes elegir conscientemente ser feliz, independientemente de las circunstancias externas. Aunque estés en una situación difícil o desagradable, recuerda sonreír.
Sonríe y busca la abundante felicidad que ya está en tu interior. Parece una tontería pero no lo es, es solo más fácil de lo que crees y está siempre disponible para que la uses constantemente. Notarás el cambio, te lo prometo.

Sonríe y sé feliz :-)

Respiración consciente

Llevo un tiempo practicando la respiración consciente y es sin duda una mano de santo.

Libera de la ansiedad, de los pensamientos negativos, del estrés, del cansancio y es una herramienta muy eficaz para cultivar la salud mental, física y emocional.

La práctica es sencilla:

Encuentra un lugar tranquilo donde puedas relajarte. 

Puedes sentarte con las piernas cruzadas y la espalda erecta o en una silla, si es más cómodo para ti.

Cierra los ojos y simplemente presta atención a tu respiración.

Inhala y sé consciente de la inhalación. 

Exhala y sé consciente de la exhalación. 

Inhala el presente, exhala el pasado. 

Sigue el flujo de tu respiración. A medida que el aire entra, refresca cada célula de tu cuerpo. Y a medida que el aire abandona tu cuerpo deja ir cualquier tensión que encuentres. 

Cuando eres dueño de tu respiración, nadie podrá robar tu paz. Estás vivo. Estás en un lugar seguro. Todo es perfecto, armonioso y simple. 

La respiración es el puente que conecta la vida con la conciencia, que une tu cuerpo a tu mente y te permite vivir el momento presente.


¡Buena vida!



Todo momento es un regalo de la vida

 Todo momento es un regalo de la vida

Despierta con una sonrisa, ilumina tu rostro, sé consciente de que la vida te ofrece un nuevo día, 24 horas más para vivir. 

Respira.

Inspira, espira. Contempla con atención el aire que entra y que sale y permanece presente en el aquí y ahora. 

No tienes que hacer nada, únicamente disfrutar de cada inspiración y de cada exhalación.
Así de sencillo.

Sigue respirando, deja que tu cuerpo se llene de energía y de armonía. 

Contempla la vastidad del cielo estrellado, la belleza de la puesta del sol o de un amanecer.
Inspira, espira.

Mientras sigues respirando profundamente, establece contacto con la naturaleza, conecta con ella, y observa como al cabo de un minuto te sentirás más feliz y más alegre.
La respiración se hará más profunda y un sentimiento de amabilidad y de paz acabarán impregnando todo tu cuerpo. 

La vida te ha hecho un regalo. Tu te has hecho un regalo.

Todo momento es un regalo de la vida si aprendes a generar la atención plena.

Deja de pensar, concéntrate en la respiración y sonríe.
Estás aquí, vives. 


La práctica 

Practicar la respiración consciente es un ejercicio fácil que puedes realizar en cualquier lugar y en cualquier momento del día y requiere poco tiempo.

Yo prefiero empezar por la mañana recién levantada. Algunos minutos de respiración profunda mirando al cielo me preparan para el día y disipan los recuerdos de los sueños raros que he tenido (me pasa a menudo). 

Otras veces durante el día tengo necesidad de superar momentos de ansiedad o de angustia. Busco un sitio tranquilo, me siento, cierro los ojos y me concentro en seguir el flujo de la inspiración y de la exhalación. 

Si algún pensamiento pasa por mi cabeza, lo observo y lo dejo ir como si no me pertenecía y vuelvo a prestar atención a la respiración. 

Reconduzco la mente al cuerpo hasta que se unen en el presente. En aquel momento soy libre de todos los problemas, no existe ni pasado ni futuro. Experimento mi ser pleno y me siento en paz. 

Al principio cuesta un poco tener una atención plena, quizás dure solo un par de minutos, pero es suficiente para saber que la alegría de vivir está a tu alcance cuando quieras, basta solo practicar. 

Prueba y cuentame como te ha ido.


¡Buena vida! 




Minimalismo y estoicismo: practicas para vivir mejor

Lo que tienen en común el minimalismo y el estoicismo es que ambos enseñan que no necesitamos mucho para ser felices

Podemos prescindir de todo lo que tenemos, bienes materiales, aparatos electrónicos, comodidades. La mayoría de las cosas que nos rodean solo ocupan espacio en nuestras casas y en nuestras mentes y realmente no aportan valor esencial a nuestras vidas.

Para averiguarlo te propongo una sencilla practica de minimalismo y estoicismo. Puedes decidir si practicar todo seguido, una cosa al día, o fraccionarlo en uno o dos días a la semana.

Lo ideal, para aprender de estos ejercicios prácticos, es anotar al final del día las sensaciones, emociones, pensamientos que han surgido.


Ejercicios prácticos de minimalismo y estoicismo 
  • Pasar un día entero offline sin Internet
  • Meditar 10-15 minutos
  • No quejarse en todo el día
  • Seguir una rutina mañanera
  • Aprender a disfrutar de la soledad
  • Pasar un día sin gastar dinero
  • Escribir un diario
  • Regalar las prendas de vestir que no usas
  • Apagar todas las notificaciones del móvil
  • Pasear en la naturaleza
  • Hacer una lista de las cosas de las que estás agradecida
  • Regalar los libros que ya has leído y que no vas a volver a leer
  • Salir de casa sin el móvil
  • Pasar tiempo con tus seres queridos
  • Pensar en lo que te estresa
  • Pensar en lo que deseas y actuar para conseguirlo
  • Un día sin televisión
  • Ordenar la casa y tirar los objetos inútiles
  • Crear un espacio relajante en casa
  • Eliminar contactos de tus redes sociales
  • Pensar en la muerte
  • Darse una ducha fría
  • Deshacerse de un mal habito
  • Identificar las cinco prioridades más importantes
  • Aprender algo nuevo
  • Definir un menú semanal
  • No juzgar a nada y a nadie por 24 horas
  • Hacer algo que te da miedo
  • Hacer ejercicio todos los días
  • Practicar la compasión
  • Un día en ayuno

No Te Quejes

Somos unos quejones

Nos quejamos por el frío, por la lluvia, por el demasiado trabajo o por el poco, por los kilos extras, por cualquiera pequeña molestia diaria y hasta por lo que hacen o dicen los demás.

Es probable que lamentarse sea el deporte más practicado. Es fácil, todos los hacen, es motivo de conversación y es un hábito.

Todos están cansados, estresados, angustiados, preocupados, afligidos, hartos y buscan pegas para cualquier cosa.

Quejarse es un entretenimiento que no conduce a ninguna parte, es simplemente una excusa para no pensar y para no tomar acción. Es como la ira o el enfado, ni mejora la vida ni soluciona los problemas.


Ejercicio práctico – No te quejes

Puesto que quejarse es un hábito, para parar esta mala costumbre hay que trabajar sobre el pensamiento antes de aparezca la queja. He empezado a practicar un ejercicio que me resulta muy efectivo aunque tenga que perfeccionarlo.

Lo que hago es elegir un día de la semana y escribir en mi diario el propósito o palabra del día «Hoy no me quejo de nada».

Repito en mi cabeza esta frase en cada momento, prestando atención al instante en la que estoy a punto de lamentarme por algo. En cuanto reconozco que el lamento está al acecho, rápidamente vuelvo a pensar en mi frase «Hoy no me quejo de nada».

Apunto mentalmente también la queja, cuando ha pasado, por qué me quejo, como lo hago y que siento al quejarme.

Es un ejercicio aparentemente sencillo pero de hecho no lo es en absoluto.
Me he quedado sorprendida de las cantidades de veces en las que estaba a punto de lamentarme por algo.

Me consideraba una persona bastante optimista y positiva, para nada quejona, pero me equivocaba. Quizás comparada a otras personas que pasan el día lamentándose salgo bastante bien pero tengo todavía que mejorar.

Algunas de las cosas de lo que me he quejado: un día porque había muchísimo viento y hacía frío, otro día porque tenía sueño, en una ocasión porque la gata había vomitado por todas partes, otra vez porque el banco seguía sin contestar a una solicitud, algunas veces por tener la mascarilla puesta, otras por tener agujetas y dolor en un hombro. Y la lista podría seguir con otras futilidades.

¡O sea, un sinfín de mini tonterías!

Repito este ejercicio mínimo una vez a la semana porque me hace sentir bien y pone las cosas en su justa perspectiva además de ayudarme a mejorar como persona.


¿De qué te quejas? La Divinidad te ha concedido lo más grande, lo más noble, lo más excelso, lo más divino de que disponía; el poder de hacer buen uso de tus opiniones y el de encontrar en ti mismo tus verdaderos bienes. ¿Qué más quieres? Vive, pues, contento y no ceses de agradecer y de rogar a un padre tan magnánimo y bondadoso.

Epicteto


Que he aprendido del ejercicio No te quejes

Lo que he aprendido es:

  • no puedo cambiar o controlar las cosas que no están bajo mi control
  • la aceptación de las cosas que no puedo cambiar o controlar es un alivio
  • a agradecer todas las cosas que tengo
  • cada día tengo que alegrarme por las cosas que pasan porque todo pasa y los días también
  • tengo que controlar más mis pensamientos y mis emociones (los verdadero saboteadores)
  • trabajar para afinar más mi conciencia, intentar vivir en cada instante en el aquí y ahora
  • puedo mejorar mi capacidad de observar las cosas de forma objetiva, sin juzgarla y sin etiquetarlas
  • yo soy la única responsable del malhumor auto infligido por la queja
  • es mi deber controlar mis acciones en todo momento
  • hay que vivir más sosegado, sonreír más y disfrutar más
  • apreciar cada situación, persona o acontecimiento


Nota: Cualquiera puede probar este ejercicio pero necesitará estar familiarizado con la introspección, la observación de los pensamientos y la auto-critica.
La persona que no acepta meterse en juego y reconocer sus fallos y defectos difícilmente podrá sacar algo útil de este ejercicio.
Seguiré añadiendo cosas a la lista en cuanto siga con este ejercicio.

 

Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse.

Esopo



El reto de un baño helado o de una ducha fría

Un reto que desarrolla fortaleza de carácter y resiliencia

Cada año, el 1 de enero por la mañana, voy a la playa a dar un baño en el océano, independientemente de las condiciones atmosférica, de frío, viento, lluvia o sol. Es un reto que desarrolla fortaleza de carácter y resiliencia.
¡Rétate a ti mismo!

«¿Y por cual perversa razón en el mundo debería retarme a hacer tal locura?»
Te leo la mente pero si me das un par de minutos te explico el porqué de una acción tan desagradable como un baño helado.

¿Has estado alguna vez sin agua caliente en casa? ¿O alguien que se ha duchado antes de ti te ha dejado con el agua fría? ¿Qué has pensado? ¿Qué palabrotas has soltado? ¿Te ha cambiado el humor?

Vivimos constantemente en una burbuja de algodón, en una zona de confort que protegemos para que nada o nadie nos pueda hacer daño.

Buscamos comodidad, placer y una vida sin problemas hasta el punto que tenemos miedo a cualquier tipo de molestia, incluso la más mínima molestia física.

Como resultado somos cada vez más débiles y cada vez más debilitados. Reaccionamos al más mínimo insignificante problema (¿atrapado en el trafico por ejemplo como te sientes?) y perdemos la capacidad de reaccionar con éxito ante una adversidad.

¿Sabes como se llama lo que perdemos? Resiliencia.


¿Que es la resiliencia y para que te sirve?

La resiliencia es la respuesta emocional frente a una situación de estrés, a un problema, a un obstáculo, que permite soportar la presión.

La resiliencia sirve a forjar un carácter más fuerte y sabio. Sirve a darte una lección de vida, ayudarte crecer y madurar.

Te permite dar respuestas positivas frente a los eventos negativos que pasan en tu vida.


Si no te retas a ti mismo, nunca descubrirás a la persona en la que te puedes convertir.


El reto para fortalecer la resiliencia

Bueno, ahora que sabes que la vida está hecha de problemas y que cada dos por tres encontraras desafíos en tu camino, puedes practicar la resiliencia para que los eventos no te tomen por sorpresa.

Si consigues esforzarte para sentirte incomodo y mantener un estado emocional positivo fuera de tu zona de confort, entonces es cuando comienzas a desarrollar resiliencia.

Te vuelves más fuerte mentalmente, comienzas a desarrollar tu capacidad de recuperación y las molestias cotidianas son menos perturbadoras y amenazan con menos frecuencia tu habilidad para mantener el control.

El reto consiste en hacer una de estas dos cosas:

  • un baño en el mar (de invierno por supuesto)
  • una ducha fría (esta también de invierno)

Si vives cerca del mar te aconsejo la primera porque el contacto con la naturaleza es mágico. De lo contrario, la ducha fría en tu casa.

Cuando practicas empujarte hasta (y atravesar) el punto de incomodidad,  Eso es lo que significa ser un estoico: controlar las cosas que  puedes  controlar, no dejar que los inconvenientes externos menores te descarrilen.


Mi experiencia en el reto de un baño helado

Como te he comentado al principio, hago este reto desde hace ya 3 años, el día 1 de enero por la mañana.

Este año, a diferencia del pasado, la temperatura del aire era más fresquita, unos 9 grados, y el viento era muy fuerte por lo que la sensación térmica era bastante más baja. Además tenía una lesión en el hombro y un dolor molesto y continuo. O sea, aleluya.

En unos segundos ya me había dado cuenta que el reto iba a ser duro.

Llegué a la playa con mi gorro de lana, las botas de invierno y una chaqueta de plumón. Parecía lista para el snowboard, jejejeje, con la única diferencia que debajo tenía el bañador.

Tengo que reconocer que estuve unos 5 minutos pensándomelo. Primero me quité los calcetines y probé el agua …. ¡helada! Luego cuando ya los pies empezaban a congelarse me dije «O lo hago ahora o nunca».

Me quité todo menos la mascarilla y el gorro de lana y me lancé al agua. Tuve que andar bastante metros entre las olas para llegar a un punto en lo que pudiera sumergirme. Y lo hice.

Volví corriendo a la playa, fría pero eufórica. Lo había conseguido y además no había sido tan duro como me imaginaba. De repente me recordé de una frase de Seneca:


Sufrimos más en la imaginación que en la realidad.


 ¡Que razón tenía!


Lo que he aprendido del reto del baño helado

He aprendido que puedo superar mis limites.

He aprendido que puedo controlar mi mente y callarla cuando intenta convencerme que tengo miedo.

Me ha dado un subidón de autoestima y me ha dejado una sensación de logro.

Me ha permitido descubrir que tengo más capacidad de la que creía.

Y sobre todo el reto del baño helado me ha enseñado que no hay dificultad que no pueda superar con fortaleza y espíritu positivo.

Mi próximo paso en este reto es ampliar el reto a una ducha fría por la mañana una vez a la semana.

Ahora es tu turno, rétate y atrévete!

Y recuerda compartir tu experiencia comentando aquí abajo.

¡Suerte!


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