Si no eres feliz aquí y ahora, nunca lo serás

Así de claro y directo al grano. El maestro zen japonés Taisen Deshimaru te recuerda una verdad ineluctable: la felicidad depende en la manera en que habitas el presente. No depende de las circunstancias externas ni de un futuro ideal. No depende de las cosas que vas a conseguir, de las personas que te están al lado y ni de los proyectos a los que aspiras. El aquí y el ahora son lo único real, lo único que tienes.

Si no eres capaz de apreciar con sincera gratitud y felicidad en el corazón cada instante de tu vida, nunca llegarás a ser feliz. Dá igual en qué momento de la vida te encuentras, si de sufrimiento o de alegría, todo pasa, incluso este mismo instante. 

El maestro Thich Nhat Hanh decía: "El pasado ya se ha ido y el futuro no ha llegado aún. Pasado y futuro, ambos son ilusiones. Solo son ideas. Solo el presente es real".
Por esto es tan importante despertar a esta verdad, el aquí y el ahora son lo único real, lo único que tienes. 

Vive cada instante con presencia plena utilizando todos tus sentidos.
Respira y sé consciente. Cada inhalación y exhalación es completa en sí misma.
Haz solo una cosa a la vez. Si comes, come. Si caminas, camina. Si bebes, bebe. Haz todas tus actividades diarias poniendo la máxima atención en cada una.
Deja ir el juicio y no catalogues el momento como bueno o malo, solo vívelo como experiencia pura.
Acepta lo que hay. La felicidad surge de no añadir resistencia ni deseo extra, deja que las cosas fluyan.

Hay una bonita historia budista que cuenta:
"Un hombre que cruzaba un campo se encontró con un tigre. Huyó y el tigre corrió tras él. Al llegar a un precipicio cayó en él pero pudo agarrarse con las dos manos a una raíz y quedó colgando del borde. El tigre le olisqueaba desde arriba gruñendo.
El hombre, tembloroso, bajó la vista y vio que muy abajo, al fondo del precipicio, otro tigre aguardaba para devorarle. Sólo la raíz lo sostenía. En ese momento dos ratones, uno blanco y otro negro, se pusieron a roer poco a poco la raíz.
Al mismo tiempo el hombre vio una suculenta fresa silvestre cerca de él. Aferrándose a la raíz con una sola mano, arrancó la fresa con la otra y se la metió en la boca. ¡Qué sabor tan dulce tenía!"

Hasta en los momentos más difíciles de la vida, siempre queda la posibilidad de saborear y gozar lo precioso de cada momento de tu vida.   

Taisen Deshimaru, en el libro "Preguntas a un maestro zen", decía:
"Es nuestro espíritu el que crea el infierno o el paraíso aquí y ahora. Debemos crear el paraíso aquí y ahora. Si sufrimos, si dudamos, todo se convierte en infierno. Debemos construir el paraíso. Si nuestro espíritu está en paz, todo lo que nos rodea es el paraíso."


Sé feliz 🤍


Nada es para siempre: reflexiones sobre la impermanencia

 "No es la impermanencia lo que nos hace sufrir.
Lo que nos hace sufrir es querer que las cosas sean permanentes cuando no lo son."
- Thich Nhat Hanh -


Las cosas cambian y se transforman, todo nace y muere. 

Vemos enfermedad, vejez, cambios de estaciones, cambios de nuestra emociones, cambios en la sociedad y en el clima. 

Absolutamente todo está sujeto a una transformación y es una bendición ya que si todo fuera permanente no habría vida alguna, el nacimiento y el crecimiento resultarían imposibles.

Tenemos que educarnos a la idea de la impermanencia y estar listos para la perdida porque nada en el universo es permanente, todo está en constante cambio y movimiento, las cosas se van y no son para siempre.

Si seguimos pensando en que un objeto, una personas, una mascota, una idea, será para siempre, nos hará feliz y dará sentido a nuestras vidas, estamos condenados al sufrimiento porque nada dura.

El apego es lo que nos hace sufrir. Buscar una felicidad duradera en cosas que son transitorias nos hace sufrir. Nuestros familiares, amigos y relaciones algún día ya no estarán a nuestro lado, nuestro trabajo, nuestros pensamientos y emociones no durarán para siempre. Podemos perder el dinero, la salud, la casa, todo cambia a cada instante. Así que creer y querer que todas estas cosas sean permanentes cuando no lo son es lo que nos hace sufrir.

Una vez seamos capaces de ver la impermanencia claramente, empezamos a ver que no nos podemos apegar a nada de lo que existe. Cuando asumimos la temporalidad de todas las cosas, surge la comprensión que es fútil el aferrarse a algo ya que todas las cosas vienen y van en la vida, tanto las cosas buenas como las malas. 

Podemos entonces aceptar y relajarnos ante una experiencia sabiendo que es transitoria y dejar de resistirnos al cambio sabiendo que es inevitable.

Si aprendemos a renunciar o al menos a disminuir nuestro apego hacia los resultados, deseos y expectativas y aceptar lo que nos depara el destino, conseguiremos más equilibrio y serenidad.

Cuando aprendemos a soltar, a dejar ir, tendremos más paz. 

De acuerdo con Ajahn Chah, “Si dejas ir un poco, tendrás un poco de paz. Si dejas ir mucho, tendrás mucha paz. Si dejas ir completamente, tendrás la paz completa”. 

Cuantos menos apegos tengas, más libre caminarás.


“Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”



Cómo liberarnos del sufrimiento

Desde el momento en que nacemos encontramos dificultades en el viaje de la vida. Muchos de los obstáculos y de las experiencias que encontramos en el camino provocan una sensación desagradable y nos hacen sufrir. 

El hecho es que todos los seres humanos encuentran el sufrimiento, es inevitable, y es un ingrediente íntimo y al mismo tiempo universal de la condición humana.

Este sufrimiento aparece bajo varias formas. Ir al médico, al dentista, tener una operación quirúrgica, tener un accidente y todo lo que es relacionado con el dolor físico provoca sufrimiento.
Pero hay también otra forma de sufrimiento, aún más dolorosa: la muerte de un familiar, una pareja o de una mascota, una ruptura amorosa y cualquier pérdida de un ser querido provoca un gran sufrimiento.

Así es la vida y aunque parece que hay que entregarse a este destino, las enseñanzas budistas pueden ayudar a poner fin al sufrimiento. 

Leer y estudiar las enseñanza del Buda son una buena base de partida para acabar con el sufrimiento pero no son medios suficientes. Es necesario experimentar el estado de estar libre de sufrimiento a través de la práctica de la introspección y la meditación que tienen el poder de llevarte al momento presente, al aquí y ahora. El mismo Buda dijo que tu mente crea, da forma y experimenta todo lo que te ocurre. Por eso analizar lo que ocurre dentro de ti, en tu mente, va a determinar el estado de tus emociones, si eres feliz o desgraciado, si estás en paz o sufres. 

El camino consiste en meditar y contemplar:
- la impermanencia (todas las cosas, todos los seres vivos, nacen y mueren, se componen y se descomponen, todo es transitorio y efímero),
- la ausencia del yo separado (no somos individuos separados de los demás, no existimos como sujetos autónomos e independientes del entorno).

La meditación profunda puede ayudar a liberarnos de este sentido de identidad. Cuando estamos en silencio y atentos podemos comprender que nunca podemos poseer nada en el mundo. Nuestros bienes materiales, así como nuestros seres queridos, nuestros empleos, nuestras creencias y opiniones, son "nuestros" por un corto periodo de tiempo. Al final todo cambia, muere o se pierde. Nada y nadie está exento. En esta meditación está el camino para liberarnos del sufrimiento. Cuanto más nos alejamos del "yo", de la identidad propia y de la permanencia, más ligeros se vuelven nuestros problemas. O como decía un maestro de meditación: "Si no hay yo, no hay problema".


"La causa del sufrimiento es la ignorancia, un falso modo de contemplar la realidad. Pensar que lo transitorio es permanente es ignorancia. Pensar que hay un yo, cuando no lo hay, es ignorancia. De la ignorancia nace el deseo, el enfado, el miedo, los celos e infinitos sufrimientos. El camino de la liberación consiste en contemplar profundamente las cosas para comprender la naturaleza de la transitoriedad, la ausencia de un yo separado y la interdependencia de todas las cosas. Este es el camino que destruye la ignorancia; una vez erradicada, se trasciende el sufrimiento. Esa es la verdadera liberación. No hace falta un yo para que haya liberación."
- Thich Nhat Hanh


La conciencia plena en tiempos de cuarentena

Dicen que somos la suma de las personas con la que pasamos más tiempo. Heredamos sus creencias, sus formas de ver las cosas y sus pensamientos en nuestro subconsciente.


En este periodo de cuarentena esto se hace más fuerte todavía, obligados a estar encerrados solos o con nuestras familias o parejas. Mantener el equilibrio y la positividad no siempre es fácil.

Todos actuamos y vivimos en parte de forma subconsciente, nuestro sistema de valores está influenciado por la educación que hemos recibido en familia y por las experiencias vividas. El problema está en que no siempre el subconsciente juega a nuestro favor, al revés, nos puede limitar y dañar emocionalmente.

En cuanto ser humanos tenemos la suerte de poder cambiar esta situación soltando la negatividad, interactuando con personas positivas, paseando en la naturaleza, escuchando música inspiradora o dedicandonos a actividades placenteras y divertidas. ¿Pero cómo hacerlo si estamos encerrados en casa?


Hacia la conciencia plena en tiempo de cuarentena

Una forma es la de practicar la conciencia plena, la atención que energiza y que expande nuestra visión.
Es fácil entender como funciona la atención: todo lo a que prestas atención repetidamente crecerá más fuerte; cualquier cosa a la que no prestas atención se marchara sola.

Un ejemplo: el otro día he tenido una discusión con mi marido. En vez de hablar del asunto para resolverlo, cada uno se ha encerrado en su respectivo silencio. Yo he pasado el día dándole vuelta a la discusión, he prestado tanta atención a aquel asunto que no he podido dormir por la noche. Mi atención estaba donde no tenía que estar. Resultado: noche insomne, cansada y con cero energías.

Está claro que mi mente estaba trabajando de forma exagerada frente a un problema que se podía haber solucionado en 5 minutos. Me he dado cuenta de que tenía que frenar todos estos pensamientos y redireccionar mi atención hacía algo más satisfactorio para mi salud mental.

¿Pero como?

Al día siguiente recibo la respuesta.
Mi hermana me envía por whatsapp una meditación guiada de Deepak Chopra y me pregunta si quiero entrar en el grupo de meditación en lo que participa. ¡Pues claro que sí!

Desde entonces todas las mañanas práctico 5 minutos de meditación. Me ayuda a centrarme, me obliga a observar mis pensamientos, me relaja y me guía hacía la atención plena.


Cómo empezar a meditar para la conciencia plena

La conciencia plena se basa en la conciencia de la respiración. La respiración es el refugio donde puedes volver cuando tienes un problema, estas estresada, tienes ansiedad o simplemente necesitas un poco de paz interior.

El primer paso para empezar es dedicar 2 minutos al día a concentrarte sobre tu respiración.

– Siéntate en una posición cómoda, en el suelo o sobre un cojín, con la espalda recta, las manos sobre tu regazo y los ojos cerrados
– Deja que los músculos de tu cuerpo se relajen
– Empieza a seguir el ritmo de tu respiro siguiendo con atención tu inspiración y espiración
– Cuando surge un pensamiento o un sentimiento, identificalo, reconócelo y déjalo ir y vuelve a concentrarte sobre el ritmo de tu respiro.

 

Meditar no significa luchar con un problema. Meditar significa observar.
— Thich Nhat Hanh

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